Hace poco un joven de ultraderecha mató a un chaval de ultraizquierda. Me he hartado de oir en miles de sitios que son iguales pero de distinto color y me he hartado de rebatir ese dato con cifras de muertos de un lado y cifras de muertos de otro.
Además, siempre que pasa una cosa de estas, el grupo que ha atacado, la ultraderecha en este caso, se queda en silencio, con la cabeza baja, asumiendo su culpa y el grupo que ha sido atacado, la ultraizquierda esta vez, se manifiesta.
Esta vez no ha sido así: Ha habido manifestaciones de ultraderecha por el 20N, contra la inmigración e incluso un nuevo apuñalamiento, esta vez en el sur de España. Me atrevo además a añadir a los manifestantes de ultraderecha a los que se denominan ultracentristas.
Estos son sólo algunos ejemplos del fenómeno que se observa desde que ganó Aznar hace 12 años: El
sacapecho.El PSOE, como el PP, ha cometido errores en su historia. Probablemente el mayor de todos haya sido el del GAL. La diferencia con el PP es que, cuando el PSOE la ha pifiado, no se ha dedicado a explicarse ni justificarse. Ni mucho menos negar sus errores. Ni ellos, ni sus votantes.
En este fenómeno está la fuente de la crispación: El
sacapecho consiste en justificar los errores propios presentándolos como aciertos y, cuando eso es imposible, descargarse de toda la culpa negando que los hayan cometido.
Los ejemplos les tenemos a millones:
La iglesia apoyó a Franco durante la dictadura incluso en sus crímenes y ahora que tenían oportunidad de pedir perdón desmienten y retroceden cualquier aproximación.
Fraga se bañó en las aguas del Prestige (como ya lo hizo muchos años antes, ¡ay!, cuando aquel "descuido" de las bombas nucleares, perdonando a los imperdonables, vendiéndo España a los de siempre), Trillo negó la suciedad de las playas... y aun a día de hoy nadie ha dicho "Pues sí que estaban sucias".
El gobierno Aznar señaló a ETA como autora del 11M. Cuando ya era evidente que ellos no fueron siguió apoyándolo. Meses después su partido seguía con el asunto. Se demuestra con pruebas y juicios que no fué ETA y entonces cambian su versión: Nadie apoyaba la teoría de la conspiración en el PP.
El Rey, el rey inviolable, por encima del bien y del mal, el rey, figura divina de nuestra legislación que puede actuar según le plazca, que no puede ser detenido ni en caso de flagrante delito, actuó como un individuo más, se alejó de su olimpo y bajó al infierno al gritar a otro jefe de estado y al sacar los cuernos a un grupo de idiotas. El rey desveló que, como Dios, tiene doble naturaleza, divina y humana. Pero a los que creen en esta segunda, a los que le representan o a los que queman su representación, les multan o les acallan sacando pecho y haciéndose más monárquicos que nadie. Les multan y les acallan los
sacapechos que, cuando representaron a un Dios, esta vez a uno tan de verdad o tan falso como el nuestro, como Dios "en persona" pero ese ni tan siquiera con parte humana,
sacaron pecho y vomitaron "libertad, libertad"
Y un inmenso etcétera.
El
Sacapecho, el no reconocer que los errores lo son o negar que fueran ellos los que lo cometieran, se acentuó en cuanto Zapatero ganó las elecciones. Pocos meses tardaron en sacar aquella animación Flash en la que Zapatero, vestido de superheroe, salvaba a un árabe caracterizado como Bin Landen de una anciana a la que (el árabe) acababa de robar el bolso. No digamos el
sacapecho con la negociación, la negociación en la que Aznar cedió y cedió y dió y dió y prometió y prometió, insultando a todas las víctimas al llamar a ETA "Movimiento de Liberación" y que ahora niegan y que llega al límite de acusar al gobierno de ser etarra.
Recuerdo los carteles de "Navarra es España" con la que los navarros de ultraderecha daban ya por vendido al País Vasco. Esto es lo grave: Los
sacapechos no son sólo las cabezas de partido:
Un
sacapecho es el que hace
sacapechos, y estos se ven a cientos en las pancartas de las manifestaciones, en los blogs y en montones de cauces de expresión ciudadana.